4 de diciembre de 2025

Las anteriores son algunas de las preguntas que se hacen quienes tienen interés en transitar hacia un modo de vida naturalista o en conocer en qué consiste el buenvivir. 

No se trata de improvisar o de experimentar en nuestros cuerpos técnicas que algunas personas quieren poner de moda. Aunque fueron  utilizadas hace miles de años y parecen llamativas y pueden estar ya obsoletas, superadas por los avances técnicos y científicos.

Es una preocupación normal en quién tiene real interés en cuidarse y en proyectar su evolución a nuevos planos, sin exponerse a condiciones de salud física y mental indeseables.

La humanidad nunca ha dejado de utilizar los conocimientos de quienes les han antecedido. La transmisión de los saberes de generación en generación permite forjar tradiciones, hábitos, técnicas y sobre todo valores culturales que la ciencia no contempla por cuanto su esencia es puramente experimental.

Reconociendo que nos hemos beneficiado de la ciencia convencional también debe decirse que los sistemas de conocimiento indígena han dado un inmenso aporte a la humanidad. El conocimiento adquirido a través de la ciencia convencional, que es cerrada y formal, puede ampliarse a través de los sistemas de conocimiento ancestral, que son abiertos e informales. 

La ciencia formula principios y teorías que describen a la naturaleza, mientras que los sistemas de conocimiento indígena desarrollan valores, creencias, costumbres y ceremonias basadas en la comprensión de la naturaleza y del universo. 

Mientras la ciencia confía en la conceptualización y en la interpretación para generar y compartir conocimiento, el conocimiento indígena pone más énfasis en la experiencia y la práctica. 

En los últimos 30 años se desarrollaron múltiples investigaciones que confirman que las enseñanzas de los pueblos ancestrales tienen plena vigencia que la ciencia ha corroborado dándole una nueva fuerza a los resultados reconocidos.

No es posible en un video corto incluir la gran cantidad de ejemplos que demuestran esta tendencia creciente. Pero podemos ilustrar esta afirmación con tres casos conocidos que sirven para hacer memoria y comprender mejor lo que esta sucediendo.

Es destacable el uso de los amplios conocimientos de la etnobotánica que poseen las culturas ancestrales. Estos conocimientos hoy son utilizados como precursores bioquímicos que las grandes farmacéuticas han aprovechado, sin permiso de los pueblos ancestrales, para producir medicinas.

Por citar algunos ejemplos, medicamentos como aspirina, morfina, quinina, artemisina, digoxina, vincristina, taxol, ergotamina, pilocarpina, efedrina, atropina, ciertos corticoides, son fármacos derivados de plantas medicinales, y varios de ellos se han usado desde la antigüedad para tratar diversas situaciones de salud y enfermedad como parte de los conocimientos de la medicina tradicional, aproximadamente el 50% de los fármacos usados actualmente son derivados de plantas medicinales.[1]

Otro tema destacable es el relacionado con la respiración. Hace miles de años prácticamente todas las culturas ancestrales han desarrollado técnicas y conceptos acerca de la relación profunda entre el ciclo respiratorio y la salud mental y energética de todos los seres vivos. Pero sólo a mediados de la década del 70 del siglo pasado se inició la investigación científica sobre la relación entre la respiración y el cerebro. Y sólo en el 2017 por primera vez, una investigación médica, publicada en la prestigiosa revista Journal Neurophysiology , avala científicamente que el cerebro reacciona de forma distinta cuando cambiamos voluntariamente la manera de respirar, porque la actividad cerebral cambia si respiramos profundamente o si lo hacemos de forma automática. [2]

Es posible que antes algunos científicos hayan entendido esta interrelación entre el cerebro y la respiración, pero su reconocimiento basado en las investigaciones avaladas por la ciencia y los centros de pensamiento de la ciencia, es algo reciente.

Otro hito importante de este vínculo entre la ciencia convencional y el reconocimiento de la sabiduría ancestral es el de nexo entre el cerebro, a través de la meditación o mindfullnes, y el resto del cuerpo.

La profesora y neurocientífica Nazareth Castellanos nos dice lo siguiente:

“Hasta hace muy poco, prácticamente unos 3 o 4 años la neurociencia se basaba en el estudio de la actividad de las neuronas o áreas cerebrales. El estudio de la mente o en concreto de los procesos cognitivos como la atención, memoria o las emocionales se suponían dependientes únicamente del cerebro. Aunque hoy en día la neurociencia sigue la estela cerebro-centrísta, estamos viviendo una apasionante revolución científica: el cerebro debe relacionarse con el resto de los órganos. La mente ya no solo depende del cerebro, sino del cuerpo entero.

​Cada día se publican sorprendentes resultados científicos en los que se muestra que el cerebro y el cuerpo se comunican.”

Estos procesos de interacción entre la ciencia y el conocimiento ancestral se deben  profundizar. Cada uno en su propio plano refuerza la validez de su experiencia.

Se requiere que actuemos en consonancia con esa realidad para evolucionar como especie. Entender que los ejercicios de respiración, de concentración mental o las buenas prácticas de alimentación y ejercicio físico no son manifestaciones místico -religiosas. Ni están destinadas a personas que abrazan patrones de vida ermitaños y ascéticos.

Por el contrario, los aspectos más profundos de esas formas de vida se orientan a fortalecer las buenas relaciones interpersonales, y a fomentar una convivencia empática y colaborativa con todas las especies del planeta.

La integración de la sabiduría ancestral con la validación científica es el camino hacia una vida más plena y consciente. En Sankalpa la Cultura del Buenvivir fomentamos la conciencia del cuerpo, entendiendo que cuidar de sí mism@ es dar el primer paso para la autosuficiencia, aporte básico para encontrar la salida hacia una manera de vivir más evolucionada.