27 de febrero de 2026

Salud mental y Buen Vivir

La pausa es el territorio del encuentro: Respirar para mitigar la agresión

 

La polarización política que hoy se impone como moda global no es una dinámica de debate; es una narrativa de aniquilación. No buscamos convencer al otro, buscamos que deje de existir. Esta inercia nos compele a un estado de rechazo automático: cualquier propuesta que no sea afín a la nuestra es sentenciada como una amenaza que debe ser despreciada. Hemos convertido la opinión en una trinchera y la identidad en una armadura.

Desde la perspectiva de la salud mental y el Buen Vivir, este estado de alerta constante es un veneno. Cuando vivimos bajo la retórica del desprecio, el sistema nervioso, individual y colectivo, entra en un ciclo de «lucha o huida». La respiración individual se vuelve torácica, corta y ansiosa.  La colectiva, o sea social, se traduce en crispación y animosidad contra lo que nos parece extraño. En este estado, la corteza prefrontal —encargada de la reflexión y la empatía— se apaga. No somos nosotros quienes pensamos; es nuestro miedo el que elige las palabras. La retórica de la aniquilación florece en cuerpos contraídos. Es una narrativa que nos despoja de la humanidad para convertirnos en soldados de una idea. 

Es imperativo interpelar este modelo. Estableciendo que ello no significa caer en la tibieza, ni abandonar las convicciones propias. Significa, por el contrario, fortalecer nuestra postura desde un lugar de conciencia soberana y no desde la reacción visceral.

Muchas de las culturas ancestrales nos enseñaron, fruto de sus propias experiencias bélicas, que se debe encontrar el punto de interacción. Por ejemplo, el Vijnana Bhairava Tantra, una joya del Shivaismo de Cachemira, nos enseña que la realidad se sostiene en la tensión de los opuestos. Su práctica en las técnicas  de respiración nos invita a observar el espacio entre la inhalación y la exhalación. En ese microsegundo de suspenso es en el que ocurre algo profundo: la identidad rígida se pausa. 

En esa pausa, las expresiones enfrentadas de la energía no desaparecen por arte de magia, ni se diluyen en un consenso vacío. Lo que ocurre es que encuentran su punto de interacción, se retroalimentan, se nutren. Es el lugar donde puedo sostener mi verdad sin necesidad de destruir la tuya para que la mía sea válida. Este proceso, en el plano social, suele manifestarse en las propuestas que cada sector hace para superar las dificultades que se enfrentan como Nación. Esas tensiones son generalmente muy fuertes y exigen grandes cantidades de retórica y movilización política. Y este es el punto en el que la confrontación tiende, en la actualidad, a convertirse en una convocatoria a desconocer totalmente al contradictor. No solo se trata de exponer ideas y de convocar al electorado a apoyarnos, es que se invocan argumentos de superioridad política, ideológica, económica o social para denostar del oponente y proponer su derrota desde la perspectiva de la aniquilación.

El Buen Vivir nos propone comprender que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de transitarlo sin deshumanizarnos. Es la construcción de escenarios en los que se pueda exponer los puntos de vista sin necesariamente promover aquella frase según la cual “quien no está conmigo está contra mí”.

Desarmar la narrativa de la aniquilación inicia en la intimidad de tus pulmones. Al habitar la pausa, recuperas la capacidad de ser firme en tus principios sin ser violento en tu lenguaje. No es abandono de la lucha por un mundo mejor; es asegurar que, en el proceso de construirlo, no terminemos convirtiéndonos en aquello que intentamos transformar.