La Rebelión de la Ecuanimidad
En la era del grito habitar el Buen Vivir

No hay otra opción frente a la brutalidad que inunda al mundo de la mano de las élites: la indignación y la rabia. Es imperativo movilizarse para detener la barbarie y el odio visceral. Pero, debemos ser muy claros, la respuesta no debe ser ubicarse en el mismo plano de los agresores.
No solamente porque no poseemos ningún poder bélico, sino porque aun como ciudadan@s de a pie no debemos caer en el mismo terreno de los agresores. Su juego consiste en arrastrar a la sociedad a identificarse con la violencia y la guerra como única solución para toda diferencia.
La respuesta no puede ser otra que la ecuanimidad. Es la “capacidad mental y emocional de mantener la calma, la imparcialidad y el equilibrio ante situaciones difíciles, ya sean positivas o negativas.” En un momento tan tenso elegir la moderación no es un acto de tibieza. Es, en realidad, una de las posturas más radicales y valientes que podemos adoptar. Esa es precisamente la propuesta de el Buen Vivir, que lejos de ser un concepto abstracto, se presenta hoy como el antídoto necesario contra la insensatez que fragmenta nuestras sociedades.
La polarización política se alimenta de nuestra reactividad. Nos empuja a elegir bandos de forma visceral, anulando nuestra capacidad de análisis. Frente a esto, la ecuanimidad no es indiferencia, sino la distancia justa para observar la tormenta sin ser arrastrados por ella.
Cultivar esta mirada nos permite entender que la realidad rara vez es binaria. Al suspender el juicio inmediato, recuperamos el control sobre nuestra paz mental y, lo más importante, sobre nuestro criterio.
¿Cómo navegar entre etiquetas y discursos cargados de adjetivos? La clave reside en la ponderación. Propongo tres ejercicios prácticos para nuestro día a día:
- Desnudar la hipérbole: Cuando escuchemos una predicción catastrófica o un ataque personal, busquemos el dato oculto tras el ruido. La ponderación busca la evidencia, no el impacto emocional.
- La curiosidad sobre la condena: En lugar de invalidar al «otro», preguntémonos: ¿Qué miedos o experiencias sostienen esa visión? Entender no es aceptar, pero es el primer paso para desactivar el odio y la reactividad.
- Habitar nuestro círculo de influencia: La política a gran escala suele ser fuente de frustración. El Buen Vivir nos invita a retornar a lo tangible: nuestra comunidad y nuestras interacciones directas, donde nuestra actitud moderada sí tiene un impacto real.
Renunciar a las etiquetas (el «facho», el «progre», el «insensato») para empezar a discutir ideas y acciones concretas es el camino para restaurar el tejido social. La paz mental es, al final del día, una elección ética: prefiero comprender el mundo que simplemente tener la razón sobre él.
El Buen Vivir es la apuesta por una existencia donde la razón y la empatía pesen más que el eslogan. Hoy por hoy en vez de discursos inflamados, la mayor resistencia es mantener el espíritu sereno. Buscar que nuestras propuestas políticas, económicas y sociales tengan una representación que sea consecuente con este enfoque.
